La pantalla de mi PC está flanqueada por dos fósiles. Uno de un trilobites de las sierras de Cuenca. El otro de la concha espiral de un cefalópodo, de Escocia. Delante de mi televisor hay un fósil de micraster, algo así como una esponja que vivía enterrada en el fango, éste lo desenterré yo mismo en Urbasa.
Hace unos cuantos millones de años (las tres especies habitaron en distintas épocas), estos tres animales vivían buscando alimento y pareja a la vez que evitando ser comidos en los mares de nuestro planeta, que por entonces era bastante diferente de lo que es hoy. A quien guste la historia natural sabrá de qué hablo.
Hace un par de días estuve dando un paseo por los acantilados entre Hendaya y Ziburu, lo que aquí conocemos como "corniche", que constituyen una interesante formación geológica llamada flych, que en nuestras costas del Golfo de Bizkaia por esta zona gipuzkoana y labortana sólo se interrumpe por las moles de arenisca desde Jaizkibel hasta Igeldo. En varias capas de caliza no hay que hurgar demasiado para ver las imprimaciones que en la roca dejaron las primitivas plantas que quedaron sepultadas por los sedimentos.
Estas especies que dejaron la huella de sus cuerpos grabada en las rocas ya no existen. Se extinguieron hace mucho, tanto que apenas podemos hacernos una idea de tal cantidad de tiempo, cuando incluso nuestra historia, la de la humanidad, ocupa una época tan ridículamente pequeña en comparación.
Evidencias, digo. Para la ciencia que se ocupa de estudiar esto, la genética evolutiva, la paleontología, esto no es más que un simple esbozo de la grandiosidad de la compleja historia natural, pero es suficiente para hacernos comprender quiénes somos.
Sin embargo hay quien no cree que esto sea cierto. Dicen que fuimos creados exactamente igual que hoy hace 10000 años por una inteligencia superior que nos diseñó. Sus argumentos pueriles se basan en la observación, la fe, y el sentido común. (Sinceramente, a mí, el sentido común me dice que el sol gira alrededor de la tierra). Dicen que un mecanismo que funciona tan bien no puede ser fruto de la mera casualidad.
Si algo tan perfecto tuvo que ser creado por algo más perfecto aún, entramos en un bucle estúpido de preguntas: ¿y quién creó al creador?
Las evidencias anteriormente citadas, dicen, las creó el diablo para confundirnos. La verdad, me encantan estas bonitas creaciones diabólicas, por mí, que siga.
Tonterías que ni un niño debería creer... son creídas en masa por gente adulta, segura de sí misma, gente que controla a otra gente, gente que gobierna, decide, sienta las bases de la sociedad, legisla, juzga quién debe vivir o morir, ser libre o estar encerrado... ¡La sociedad es inmensamente estúpida e ignorante! ¡Joder!, ¡¿Tan difícil es dejar de creer en la magia y en supersticiones retrógradas e ignorantes?!
No se puede demostrar que algo que no existe no existe. La ciencia no puede demostrar la inexistencia de dios, pero sí es capaz de demostrarnos que no es necesario.
domingo 4 de enero de 2009
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