La derecha y la iglesia, esos amantes inseparables, cuando no las tienen todas consigo siempre hacen lo mismo: dar pena. Y se les da muy bien. Demasiado, para lo feroces que se vuelven cuando ostentan el poder absoluto.
Cuando pueden, oprimen brutalmente. Cuando no, son amigos de la libertad.
Lobos con piel de cordero. Cobardes y falsos de mierda.
lunes 9 de febrero de 2009
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