sábado 21 de marzo de 2009

El día que morí yo...

Preludio.

"El fuego y el viento vienen del cielo, de los dioses del cielo, pero Dios es Crom, Crom que vive en la Tierra. Antes los gigantes vivían en la Tierra, y en la oscuridad del caos, engañaron a Crom. Y le arrebataron el enigma del acero. Crom se irritó, y la Tierra tembló. El fuego y el viento derribaron a aquellos gigantes y arrojaron sus cuerpos a las aguas. Pero en su ira los Dioses olvidaron el secreto del acero y lo dejaron en el campo de batalla. Nosotros lo encontramos, sólo somos hombres, ni dioses ni gigantes, sólo hombres. Y el secreto del acero siempre ha llevado consigo un misterio, tienes que comprender su valía, tienes que aprender su disciplina. Porque en nadie, en nadie de este mundo puedes confiar, ni en un hombre ni en una mujer ni en una animal. En esto sí puedes confiar."


Llevo varios días dándole vueltas.
Cuando yo muera me encontraré a Crom sentado en su montaña, orgulloso. Me preguntará el secreto del acero. Soy fresador, así que me esforzaré. Trataré de recordar el concepto de velocidad de corte, austenización y magnetismo, aleaciones eutécticas y el diagrama del hierro y carbono, los tipos de fundición... patrañas para Crom, que se ensañará conmigo sabiendo que nunca esgrimí una espada contra nadie. Me dirá que no le venga con chorradas del verdadero poder de la mano que lo maneja y patéticas cosas poéticas para alfeñiques.
Entonces se reirá de mí y me echará de allí.


Con lo que estoy condenado.