Esta no es mi última palabra.

Sé que contiene errores, pero me da pereza corregirlos. Esta no es mi última palabra.

viernes, 13 de marzo de 2015

Es una teoría en sentido coloquial, una opinión mía sin más.

    Hasta esos dos a los que yo comparaba con una selva donde te abres paso a machetazos y luego se va cerrando detrás de ti me han sorprendido gratamente tiempo después luego de haber debatido con ellos mostrándome no ya que les he convencido, sino que al menos han tenido la decencia de escucharme y hacer el esfuerzo de comprenderme.
    Ojo, no te equivoques conmigo. Es muy fácil hacerlo. Llevo toda la vida observando el hecho de que sorprendo a propios y a ajenos con mi modo de pensar.

    Y además, tú no me escuchas, y no me entiendes. Pero porque no quieres. 

    Supongo que es porque no tengo acciones en Monsanto ni en Bayer, no tengo una cuenta en Suiza ni dinero como para plantearme abrirla, soy de izquierdas, tolerante, amante del deporte y de la naturaleza... y comprendo que eso tiene que ser terriblemente irritante. Porque no puedes acusarme de que lo que pienso y digo lo digo y lo pienso por interés espurio. Eso por mi parte. 
    Y luego está tu parte. Si admites que lo que pienso es bienintencionado, tienes que admitir que existe una cierta posibilidad de que haya un punto de vista no sólo diferente sino opuesto al tuyo que podría estar en lo cierto y además es respetable, que no se trata de una arenga fascista o algo por el estilo. Y eso implicaría que quizá quepa la pequeña posibilidad que esas ideas que tanto amas podían estar un poco equivocadas. Y claro. Por ahí sí que no estás dispuesto a pasar. Que lo entiendo, ¿eh? que yo sí pasé por ahí y no fue agradable. Pero eso te impide comprenderme. Es lo que hay. Es mi opinión, es lo que pienso.

    Y ahora me voy a prenderle fuego a la lluvia.

viernes, 23 de enero de 2015

Un regalo

   Horas y horas de puro placer. ¿Qué mejor regalo se puede hacer a un simple mortal de breve vida como yo? Bueno, pues aquí estoy, al final de 40 clásicos del siglo XX que he intercalado con mucha otra literatura de muchos tipos. Una muestra es mi lista "Mentes en contacto", que es lo que son para mí los libros, entre tantas otras cosas. A través del espacio y el tiempo mi mente se ha puesto en contacto con la de personas que nunca conocí y que ni siquiera podían imaginar quién iba a apreciar cierto día el legado que dejaron. Como el de quien pintó la cabra al  carbón que luego (¡menudo luego!) yo vi en la cueva de Las Monedas.


Ya no me queda sitio en las estanterías para ponerlos verticales y una sola fila. Y lo que te rondaré...


   Yo sé bien cuándo será el fin del mundo. No sé la fecha exacta, pero sé con qué acontecimiento coincidirá: con el de mi propio fin. Si uno es capaz de imaginarse el fin del mundo, no veo mayor dificultad para imaginarse la propia muerte. Sí, claro, el mundo seguirá ahí, pero ya no para uno, lo mismo que pasaba antes de nacer. No hubo entonces nada para mí.
   No me lo tomo demasiado mal, sobre todo porque miro el lado bueno: desde el punto de vista de un amante de la naturaleza que comprende la fragilidad de lo remotamente improbable, he vivido y vivo; ¿para qué ser más ambicioso?

   No albergo la esperanza de volver a ver nunca más a la persona que pensó con cariño en mí mientras hacía semanalmente esta colección de 40 tomos. No comparto este punto de vista con casi nadie que conozca, y de verdad que, literalmente, no comprendo cómo puede aliviar a nadie engañarse a sí mismo en algo tan contundentemente definitivo y real. No importa, no es una crítica. Es la expresión de mi pensamiento sin más.

   En honor de aquel que decidió que la mejor herencia que podía dejar a sus hijos es sabiduría y conocimiento, hoy escribo esta entrada para celebrar que me he leído ese regalo entero; una colección de 40 libros, la mayoría muy buenos, algunos me han acercado a grandes figuras de la literatura desconocidas por mí hasta entones, algunos me ha costado leerlos o no me han emocionado demasiado, algunos párrafos me han sido difíciles de digerir por su complejo estilo de vanguardia (aunque saborearlos fue una delicia casi siempre), y todos han formado parte de quien soy. Porque esa es una de las palabras que podrían definirme, tan buena como tantas otras. Soy un lector. En parte gracias a aquel que decía que sentía más ilusión al regalar que al recibir regalos, algo que demostró siempre con hechos.

lunes, 23 de junio de 2014

Alguna cosa me queda dentro de la duda pero menos

    Teniendo en cuenta las historias vitales que he escuchado a mis mayores, ya sean familiares, amigos, vecinos, gente del entorno, y pensando en las mías propias, es posible que pudiera hacerme una mejor idea de quién soy. En buena parte yo soy lo que me rodea, formo parte de un grupo de personas a mi alrededor, no por ser un elemento más dentro de un conjunto de elementos similares, sino por contribuir activamente en mayor o menor grado, de mejor o peor modo, a su funcionamiento. 

    El uno llamando "valientes chorizos" a un amplio desfile de vagos profesionales con autoridad y buen sueldo sacado del contribuyente, la otra con sus historias de duro trabajo desde la infancia y que no termina, unos riéndose de mis muestras de debilidad haciéndome más fuerte al hacerme a mí reír también, otras estudiando duro, trabajando y sacando adelante las cosas contra la adversidad... Son miles de cosas, miles que aunque ahora olvide ya en su día me influyeron y ahora forman parte de mí.

Estos adoradores del sol se esconden tan bien que parecen ausentes, pero a veces se descuidan. Para mí, eso es un punto a su favor, que se dejen ver de vez en cuando ya que existen. Y por eso y a su vez yo los adoro a ellos.


    Trabajadores, todos y cada uno de los que me rodean. Por eso, entre otras cosas, me echan para atrás el parasitismo, el victimismo, la vagancia, el charlatanismo, la indiferencia ante la negligencia...
    Podría desarrollar más esta entrada pero se quedaría tanto en el tintero que dejo que el resto del blog la complemente. 
    

domingo, 4 de mayo de 2014

Fresas de metal duro y tolerancias: unas cosas que se aprenden currelando

    Cuando miras un catálogo de fresas y no has fresado mucho con ellas te quedas con cara de tonto: ¿cómo es que yo trabajo a un quinto de capacidad de lo que me aconseja el fabricante? Cuando ya has trabajado bastante con ellas la respuesta sale fácil: las fresas cuestan un ojo, si les das la caña que el fabricante te dice (por supuesto calculadas siempre bajo unas condiciones perfectamente ideales que en la práctica rara vez se dan) enseguida te quedarás sin fresa, y qué casualidad, el fabricante estará encantado de venderte otra. Lo que pasa es que uno no es tonto, y eso lo tiene claro. 
    Recuerdo la vez que estábamos haciendo ranuras con fresas de cocodrilo de acero rápido ø20 y nos habían aconsejado hacerlo a unas condiciones endemoniadas. Malo es cuando una de estas fresas empieza a sacar viruta azul, lo digo por experiencia, enseguida donde había una fresa hay un muñón: nosotros habíamos adecuado las condiciones de corte de un modo más suave, para que la fresa aguantase y no hubiese que estar todo el rato con la mirada fija en la viruta, el oído en el ruido, la mano en el potenciómetro del control (para parar si había percances) y una nalga apretando a la otra. Vino el fabricante y dijo que le diéramos más vida. El Pepeina le preguntó si se había traído más fresas de repuesto. ¿Para qué? Para cuando esta se rompa por darle más caña. Que no, que no, tú dale. Hizo falta la fresa de repuesto, claro. Y así con tantas otras herramientas: brocas de metal duro, machos de roscar, platos de plaquitas... que sí, que cuando había pasta yo mismo las he tenido incluso a un 50% más de condiciones que lo que recomendaba el fabricante, al límite de la rotura y con un sobredesgaste y desafilado tremendos, pero bueno, el precio de la herramienta no importaba (malgastamos miles de € por esta razón) porque en contrapartida sacábamos piezas como churros siempre muy dentro del plazo, que era lo que entonces interesaba, y ahí se amortizaban las pérdidas en herramienta (y las paradas de máquina y reparaciones provocadas por roturas).

    Toda esta experiencia profesional como trabajador que depende de herramientas y máquinas fabricadas por otros y cómo esos otros viven de venderme herramientas me ha dejado, entre muchas otras cosas, alguna que otra reflexión: Una, que el cliente que compra fresas no es tan tonto como para no darse cuenta de que pese a lo orientativo de las instrucciones del fabricante, es uno mismo el que tiene que ver qué es lo que más le conviene a él según sea el caso. Otra, que el fabricante de fresas no es tan tonto como para recomendar que con su producto se vaya despacito porque se puede estropear (en un mundo tan competitivo como el del mecanizado, donde todo es tiempo, tiempo, tiempo), así que habla maravillas de su producto, como no podía ser de otro modo, pero tampoco es tan tonto como para fabricar fresas de poca calidad para que se rompan pronto y confiar en que sus recomendaciones van a engañar a un cliente que va a seguir comprándole, porque sobre todo, el cliente no compra obligado sino que mira por su propio beneficio, y el fabricante de fresas de al lado estaría encantado de vendérselas en su lugar, así que más le vale ir espabilando con la calidad y el precio de su producto, que el cliente enseguida cambia de proveedor si le sale a cuenta. Nos ha jodido.

    Sin embargo, no paro de ver cómo cantidad de gente se traga por todos lados el tema de la obsolescencia programada, cosas como que los agricultores son engañados por los productores de semillas que los acaban haciendo dependientes, con que en el mundo consumista nos crean necesidades... Todas estas posturas se basan en algunas premisas como estas: todos los consumidores somos tan gilipollas como para dejarnos engañar en contra de nuestro interés, los vendedores son tan gilipollas como para no aprovecharse de la mala práctica de su engañoso competidor y usarla en su propio beneficio y en contra del de aquél (el capitalismo es malo, claro, pero la competencia coleguea y se enrolla entre sí, al parecer), y las técnicas de venta de morralla innecesaria son tan eficaces que ninguna empresa ni ningún producto fracasan nunca, porque las necesidades y las dependencias se pueden crear a voluntad del fabricante. Toma pensamiento profundo y ordenado para rato.

 
Agujeros con avellanado para cabeza de tornillo a 45º, hechos con brocas de plaquita de refrigeración interna y contorneado en interpolación circular cónico, en acero HB400. La pieza tenía unos 500 mm de lado. Las brocas chillaban que daba gusto.

 
    Otra experiencia profesional que me ha servido también al extrapolarla a la vida fuera del trabajo es la de las tolerancias, la exigencia del cliente, y la influencia de la mano del que mide. En mecanizado, las tolerancias son el rango de medida dentro del que deben quedar las dimensiones del elemento mecanizado. 
    Por poner un ejemplo muy de fresadora: un agujero ø40 H7 tiene que tener un diámetro de entre 40 y 40.025 mm. Si el cliente es muy quisquilloso y resulta que mete la pieza en una máquina tridimensional de medición por láser, servicio que muchos subcontratan a otra empresa cuyo operario de medición no tiene ni idea de qué cosa encaja en ese agujero [un casquilo de bronce (lo más habitual tratándose de acero), un bulón en parte roscado, un eje...] más vale haber dejado ese agujero bien dentro de la tolerancia, porque de lo contrario es posible que haya una no conformidad y devolución, con la consiguiente pérdida. Si hay diálogo y confianza entre el cliente y el que fabrica (cosa que por otro lado está tendiendo a desaparecer, en una progresiva deshumanización -aunque suene paradójico- de la industria del metal en Gipuzkoa, tristemente) y por lo que sea se ha dejado el agujero ligeramente más pequeño o más grande, unos 0.005 ó 0.01 mm en cualquier caso, siempre se puede arreglar retocando un poco si se sabe de la importancia del elemento que va a ir montado ahí. Es en este último caso donde el fresador, al medir, suele querer imprimir una influencia sobre un agujero ya hecho y que por lo tanto, realmente ya no tiene. Cuando uno mide su propio agujero y éste está ligeramente fuera de medida, se tiende a ser benevolente en la medida y a aplicar un poco de manga ancha en la exactitud del manejo del instrumento con que se obtiene la medición, a pesar de que un agujero acabado medido con un instrumento adecuado y bien calibrado mide lo que mide, y no hay más. Que es lo que obtiene el operario de medición por láser sin ninguna implicación de responsabilidad en el mecanizado, que simplemente se limita a medir.

     Cuántas generaciones de personas hemos sesgado pareceres que podrían ser objetivos hacia nuestro favor o en perjuicio de otros cuando el interés se mueve en uno u otro sentido (cosa que por otra parte es de lo más natural, el interés siempre está ahí, otra cosa es la honestidad). Qué poco se hace tantas veces por la objetividad de los datos fiables, cuando no directamente se desprecia la propia objetividad con el fin de desprenderse de ella.

sábado, 3 de mayo de 2014

¿Se han fijado ustedes...

    ... que los dioses, los ángeles, y hasta muchos alienígenas son primates (homínidos para más señas)?
    Yo sí me he fijado, claro. Pero igual es que a mí me gustan la historia natural y la evolución y la naturaleza y esas cosas.
    Yo soy un primate y eso tiene sentido. Para llegar a mí por línea directa de parentesco y acabar convirtiéndose en un homínido como yo a través de innumerables generaciones consecutivas hay que haber sobrevivido a cosas como ciertas extinciones masivas determinadas o las explosiones evolutivas específicas de las distintas eras geológicas del planeta Tierra y no a otras cualquiera. Son hechos únicos y concretos ocurridos en la historia natural de la vida en este planeta, propiciados por eventos fortuitos acaecidos localmente en nuestro sistema solar, lo que no ha ocurrido en otros planetas ni en el plano divino.
    A veces miro las calizas y me imagino que uno de esos bichos fosilizados con concha es mi antepasado. Cuanto menos, fijo que es un pariente. Qué rica, variada y fascinante es la imaginativa naturaleza, que como decía Feynman, nunca dejará que nos relajemos.

   Sin embargo ese tipo especial de fantasía, del tipo de la que ha sido inventada para creérsela como cierta, es tan patéticamente pobre en imaginación...

sábado, 22 de febrero de 2014

Un poco de bitácora

    A una semana para acabar febrero, a un mes de que acabe el invierno. Esta semana he mecanizado acero, aluminio y bronce, todo en una misma tarde. He comido un guiso de mezcla de cuatro tipos de alubias con arroz y verduras. He aprendido muchas cosas de ciencia para olvidar casi todas (no es mi intención). He disfrutado de la vida al lado de mi mujer y he confraternizado con algún compañero de trabajo.

Cajera cuadrada en acero hecha con plato ø32 de plaquita redonda. Sin ciclo, programada por mí para que el plato penetrara poco a poco haciendo la diagonal. De la métrica de los agujeros no me acuerdo. La pieza medía 7m de largo la iaputa.


     Este atardecer he visto a la estación espacial internacional cruzar el cielo delante de mi casa de oeste a este, pasando muy cerca de la estrella polar (nos entendemos). Está despejado, hace fresco, y tengo puesto a Ensemble Organum en una misa medieval en un vídeo online desde mi viejo ordenador, conectado al vídeo, conectado a la tele, conectada a la cadena.

sábado, 8 de febrero de 2014

Machismo militante desfrazado de benevolencia


    Hoy he visto en facebook una petición de change.org para que las Femen vayan a la Meca a protestar allí desnudas, si se atreven.

    Porque aquí no mutilen genitalmente a nuestras niñas, por poner un ejemplo, no significa que a la iglesia católica y a sus jerarcas mayores haya que dejarlos en paz si su comportamiento es reprobable, que lo es. Y que nuestras mujeres no estén criminalmente sometidas como en las teocracias medievales que aún quedan por nuestro mundo vigentes y con preocupante buena salud y vigor (al menos para mí), no es porque vivamos en la Europa cristiana, sino porque vivimos en la Europa ilustrada. La iglesia católica nunca movió un sólo dedo para ceder el poder con el que sometió brutalmente a los europeos y al resto del mundo al que logró dominar de buen grado. Fue el triunfo de la razón, el humanismo, y una moralidad basada en la buena voluntad de personas con sentimientos de justicia anhelada que ha superado con creces a la cristiana, casi siempre basada en el miedo y en mecanismos de castigo y premio que poco bueno dicen de la naturaleza de dicha moral. Superior moral que parte del Renacimiento, se refuerza con la Ilustración y acaba venciendo junto con las revoluciones sociales liberadoras del siglo XX.


    Siento simpatía por Femen. Me gusta mucho que hagan que se les atragante la comida a esa cuadrilla de retrógrados de los que está llena nuestra sociedad, a quienes escandalizan unas tetas al aire (también, ojo, a no poca gente que se declara muy moderna y liberal, ja) y más a esos que deciden pasarse una vida a espaldas de su humanidad renunciando al sexo (que luego tachan a otros de antinaturales, oh, la ironía). Fuera de que sienta simpatía por las feministas de Femen, que aunque me parecen sospechosamente bastante más sensacionalistas que reivindicadoras (casi todas son jóvenes y guapas), y de que conozco de hace mucho el torpe ataque falaz con el que se defienden los cristianos de ateos militantes a falta de argumentos, esta petición me ha contrariado, porque me parece que denigra a la mujer, es tontamente falaz y de muy bajo nivel intelectual y está a favor de precisamente aquellos machistas, que si no lo son más es porque no pueden, no porque no quieran.