Esta no es mi última palabra.

Sé que contiene errores, pero me da pereza corregirlos. Esta no es mi última palabra.

domingo, 15 de marzo de 2026

Luombaka

 El claro océano era luminiscente. Azul, profundo y frío; no se veía fondo. El oleaje era violento, pero no rompía y, aunque era muy peligroso, las personas nos bañábamos en él.

 La puerta de madera oscura cerraba para todos y, aunque era una sola, cada cual tenía su llave. A cada llave la puerta respondía abriéndose a un lugar diferente.

 Después de abrir con la mía y cerrar tras de mí, ya sabía quién estaba dentro. No por tener un conocimiento previo sobre quien esperaba, sino por un presentimiento sólido. En la blanca intimidad propiciada por el espacio privado al que accedía, quien dando la espalda ya lo ocupaba giraba el rostro hacia mí, para enseguida mostrar fría indiferencia ah, tú— que al volver a mirar al frente ya era distancia inalcanzable.

 

 

A dormir

 

 El agua helada ascendía desde el fondo abisal del Atlántico Sur. Provocaba un entorno gélido y seco. Dolía... pero no en el cuerpo.

 

 

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